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JESÚS MONTIEL, XXXI PREMIO DE POESÍA HIPERIÓN

EL POETA JESÚS MONTIEL GANA EL XXXI PREMIO DE POESÍA HIPERIÓN CON SU OBRA MEMORIA DEL PÁJARO

Jesús Montiel nació en Granada  en 1984. Está casado y tiene cuatro hijos. Licenciado en Filología Hispánica por la Universidad de Granada, en 2013 obtuvo el título de Doctor con la tesis titulada Los personajes de Walker Percy: peregrinaje o viaje existencial. Trabaja como profesor de Lengua y Literatura.

En 2011 ganó el Premio Nacional de Poesía Universidad Complutense por su libro Placer adámico, (Editorial Universidad Complutense, 2012); en 2012 el Premio de Poesía «Leopoldo de Luis» por Díptico otoñal;  en 2013 el Premio internacional de Poesía «Alegría» por Insectario (Editorial Rialp, Colección Adonáis, 2013).  En 2015 la editorial Libros Canto y Cuento le publicó La puerta entornada, un libro desgarrado y emocionante motivado por una grave enfermedad de su hijo pequeño.

En Memoria del pájaro, diversos aspectos de la vida dan motivo al poeta para la reflexión, la ensoñación, el recuerdo, el homenaje o la admiración. Se trata de un poemario transparente y lúcido, de temática cercana, visión profunda y expresión precisa y armoniosa.

 

Jesús Montiel

Última actualización en Martes, 22 Marzo 2016 20:02

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José Luis Morante escribe sobre Álvarez Velasco

FRANCISCO ÁLVAREZ VELASCO. DÍAS CUMPLIDOS

 

Gregor Samsa
 
Gregor Samsa frente a la ventana
Francisco Álvarez Velasco
XXXI Premio Jaén de Poesía
Hiperión, Madrid, 2015
 

DÍAS CUMPLIDOS

  Hay títulos de libros que son en sí mismos una invitación a la lectura. El de Francisco Álvarez Velasco (Cimanes del Tejar, León, 1940), Gregor Samsa frente a la ventana, cumple esta premisa; sugiere una inmediata posibilidad de diálogo para compartir las divagaciones del personaje de Kafka. Otro acierto añadido es la cita de César Vallejo, una raíz proclive a la hendidura rotunda: “La cólera del pobre / tiene un aceite contra dos vinagres”.
   Así da el primer paso un trabajo reconocido con el XXXI Premio Jaén de poesía, que se integra en un corpus formado por casi una docena de títulos ya que su autor, Francisco Álvarez Velasco empieza a publicar en la década novísima y ha ido sumando entregas durante más de tres décadas, alejado de cualquier agrupamiento gregario.
  La lírica de Gregor Samsa frente a la ventana alza inventario de lo vivencial. Alude con voz reiterativa a la orfandad de quien respira  el aire cotidiano en el sosiego manso de lo transitorio, entre el temblor de una emoción apenas visible en la claridad crepuscular del día vencido. En ese rumor mudable que no cesa se van acumulando sensaciones. A cada paso irrumpen, desde algún recodo de la memoria. La evocación se convierte en surco generoso que preserva el aliento del pasado. A veces ese rumor adquiere el contorno humilde un objeto hallado en el azar diario. de su percepción nace el poema, palabras que alzan el vuelo como hilos de brisa de un acontecer escorado hacia otros días.
  La percepción del pretérito presenta rostros que zarandean los sentidos. Los hay que crean una cadencia y música, como si el trayecto biográfico interpretara una pieza bailable, un ritmo intimista, un verbo hecho tango que al sonar recuerda el eco afín de Jaime Gil de Biedma. En otros se va gestando un calendario de revelaciones, como sucede en ese tramo  de días de infancia que fijan en el lecho vivencial los contradictorios vislumbres de la existencia, ese vaivén pendular que abre distancia entre la belleza y la finitud en donde adquieren sentido la elegía y la sombría certidumbre de la ceniza.
  El estar del yo difunde una situación paradójica, tiene cercanía con las líneas del paisaje que conforman el entorno y propaga un silencio didáctico. En su callado hueco se hace un hábito la búsqueda hacendosa de respuestas. Leemos en el poema “Adobes”: “Fueron paja trillada / y agua fresca y arcilla / sol de agosto. / Hoy son muro y te ofrecen / contra la luz de julio / dónde apoyar la espalda / y el amor de la sombra“.
 La poesía de Francisco Álvarez Velasco se sitúa frente a la ventana para dibujar en la retina un trayecto de fresca arcilla y sol de agosto. Un mapa de días lejanos cuyas imágenes van acumulando bordes amarillentos en los que la sensibilidad de lo rural todavía copaba el espacio y daba al colectivo un semblante de soledad y ensimismamiento. El tiempo discurría contradictorio y frágil, pronunciando a cada paso  que “el mundo está bien hecho” y corresponde al yo tapar las grietas de la incertidumbre, limpiar aceras con el agua clara de los sueños cumplidos.
 
JOSÉ LUIS MORANTE, 16/03/2016

Última actualización en Martes, 22 Marzo 2016 20:11

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