“La precisión, la lucidez y la sobriedad caracterizan a Zbigniew Herbert, un poeta que a algunos les parecerá prosaico y gris, un poeta que quizás no deslumbra en una lectura apresurada. Uno de los grandes poetas del siglo XX, ahora por fin al alcance de los lectores de lengua española.”
José Luis García Martín, La Nueva España, Oviedo, 22.5.1993.
”Los poemas de Herbert informan no sólo de sus fuentes sino de sus posturas; no de lo que ha leído, sino de sus posiciones de lector. En este punto supera al culturalismo, porque no construye sobre él, sino desde él: lo usa como marco, no como marca, y extrae de sus referencias tanto un correlato de la situación de su país como una crítica sistemática de todos los abusos del poder. Herbert es uno de los grandes poetas de este siglo.”
Jaime Siles, ABC, Madrid. 28.5.1993
“Importa subrayar la aparición de una selección de la obra del estremecedor poeta polaco Zbigniew Herbert, Informe desde la ciudad sitiada y otros poemas. Gran poesía ésta. Poesía del dolor, de la cultura y de la dignidad humana alzada frente a la barbarie: “Y sólo nuestros sueños no fueron humillados”. La ironía y la emoción se conjugan en este discurso denso y firme, que cabe apreciar traducido, como ocurre siempre con la gran poesía. Un gran acontecimiento.”
Miguel García-Posada, Babelia, El País, 29.5.1993
“Informe desde la ciudad sitiada acaba de ser editado en español, me dicen. Es una oportunidad excelente para hablar de su autor…
Creo que precisamente éste es el origen de la inusitada fuerza de la poesía de Herbert: la unión de elementos tan dispares como son el ansia de un orden clasicista y racional, y un lirismo primitivo y espontáneo que descuida la razón y lo clásico…
Pero lo que más cuenta es otra cosa. No son los diálogos cultos y la postura política, sino la voz, la voz de un hombre de carne y hueso que ríe, sufre, observa y piensa. Toda poesía singular nos ofrece precisamente esto. Y quizás, al fin y al cabo, las multitudes que concurren a sus recitales no vayan deseosas tanto de encontrarse con un artista indoblegable que supo rechazar las tentaciones totalitarias, como ávidas de escuchar la voz, la voz humana inscrita en sus versos.”
Adam Zagajewski, La Vanguardia, Barcelona, 13.8.1993.